El alquimista impaciente (Lorenzo Silva)




Trinidad Soler, es ingeniero de una central nuclear y, al igual que los antiguos alquimistas, también se dedica a transmutar materia, aunque no necesariamente para obtener oro. Su vida, ajena a todo romanticismo, transcurre lejos del brillo de los metales preciosos e ignorante de cualquier gloria moral o filosófica. Quizá por ello, busca una alternativa y entra en negocios con un magnate de la empresa y de los medios de comunicación: León Zaldívar. Sin que su mujer quiera enterarse mucho de los asuntos de su marido, Trinidad participa en la construcción de carreteras, polígonos industriales, chalets, etc. Según sus compañeros de trabajo, su nivel de vida no está por encima de sus posibilidades como técnico a sueldo de la central: Trinidad Soler no acaba de encajar en el perfil de empresario ostentoso y derrochador y, frente a los “tiburones” con los que trabaja, aún conserva cierto aire de integridad personal; tanto es así que, el propio Zaldívar, quizá para adornar su conciencia, lo emplea como consejero moral y filosófico. De este modo, en la cima de su éxito, Trinidad logra atisbar el lado espiritual que equilibraria el brillo, no siempre noble del oro.
Sin embargo, ambas esencias no se fusionan de la manera esperada y, la mezcla, poco a poco, transmuta hacia la degradación. En “El arte de de la Alquimia” de Alfonso X el sabio, ya se advertía que, en toda mezcla, el metal noble siempre sale empeorado.

No hay comentarios:

Publicar un comentario